sábado, 29 de noviembre de 2014

Cuba, la lucha por las políticas que consoliden el proyecto socialista.

Cuba, la lucha por las políticas que consoliden el proyecto socialista.
                                                                                             “Con todos y para el bien de todos” José Martí.


Cuando en 1990 la URSS y el resto de los llamados países socialistas de Europa del este rindieron sus banderas al capitalismo, Cuba recibía de ese mercado el 63% de los alimentos; el 86% de las materias primas; el 98% de los combustibles; el 86% de las maquinarias y el 70% de las manufacturas.
25 años han transcurrido desde la caída del Muro de Berlín y, a pesar de los augurios de la contrarrevolución mundial, la Isla caribeña, el Primer Territorio Libre de América sigue en pie.
Pocas veces en la historia mundial la decisión de un pueblo, guiados por una dirección revolucionaria que con 7 hombres y 5 fusiles fue capaz de anunciar  después del golpe demoledor de Alegría del Pio “ahora si derrotaremos a la dictadura”, ha sido capaz de mantener una resistencia ante el enemigo más poderoso de la historia contemporánea.
La construcción del socialismo en la sociedad cubana ha resultado un experimento social, político y económico de gran trascendencia para el futuro de los pueblos latinoamericanos. De sus aciertos y errores debemos aprender los revolucionarios que seguimos pretendiendo cambiar el mundo.
El Partido anuncio que ante la claudicación de los países socialista, el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero que era dable esperar, el país entraba en lo que se llamó el “Periodo especial en tiempo de paz”.
Cuba que en corto tiempo de 1959 a 1990 quedo dos veces desconectada  totalmente del mercado mundial, (primero de los EEUU, luego del  Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) tenía que trabajar a marcha forzada para recomponer su economía, mantener al pueblo unido y enfrentar una contrarrevolución que preparaba sus valijas para el regreso triunfal a la Isla revolucionaria.
El país incorporo  nuevos elementos a la práctica económica: apertura a la inversión extranjera, incentivación del turismo internacional, ampliación de las empresas mixtas,  apertura de mercados campesinos con precios derivados de la ley de oferta y demanda, autorización del trabajo por cuenta propia, despenalización de la tenencia de divisas, creación del CUC como unidad monetaria intermedia entre la divisa y el peso nacional y la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC). Pero quedaron vigentes mecanismos, prácticas y concepciones que impidieron el libre despliegue de las fuerzas productivas, para lo cual se entrelazaron factores objetivos con otros de carácter subjetivo, entre estos últimos las prácticas burocráticas, como expresión de un pensamiento que, más allá de los papeles, se expresa con la rutina que le es inherente y su consecuencia el inmovilismo. Se imponía una revisión profunda a todo lo realizado, de ahí la necesaria actualización del modelo económico.
El líder de la Revolución, el Comandante en Jefe  Fidel Castro en su memorable discurso en el Aula Magna de la Universidad de La Habana en el año 2005, destacaba otro de los factores importantes de este proceso de construcción de una nueva sociedad en Cuba.
 Decía Fidel: “Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo.”
La actualización del modelo económico, un camino hacia la construcción de un modelo sostenible.
Los conceptos que rigen esta actualización del modelo se sustentan en la planificación económica, la existencia de empresas de capital mixto, las cooperativas, los usufructuarios de tierras, los trabajadores por cuenta propia, los arrendadores de establecimientos y otras formas que surjan del interés para la construcción del socialismo.
La discusión con la  sociedad cubana de las medidas que serían adoptadas por el Parlamento  demostró la necesidad de procesar los cambios necesarios para mantener el rumbo socialista.
Más de 300 medidas  fueron adoptadas en un cronograma que  su aplicación lleva más de tres años.
Los principales problemas, entre otros, a superar en lo económico se refieren a la necesidad de una mayor autonomía de la empresa estatal previéndose que esta tenga mayor independencia para ejecutar sus responsabilidades productivas; la puesta en ejecución de mecanismos de impuestos para aportar al  Estado que seguiría garantizando las conquistas de la Revolución en cuanto a educación, salud, seguridad social, etc. Poner en marcha  mecanismos que posibiliten la inversión extranjera que permita modernizar  la base productiva y utilizar el potencial de conocimientos que acumulo el país. Agilizar  la adjudicación de tierras ociosas en régimen de usufructo con el fin de garantizar el consumo de alimentos agrícolas y crear rubros de exportación. Desarrollar un mercado mayorista que suministre a las empresas y al sector privado los insumos y materias primas que requieran para su producción.
Uno de los cuellos de botella que crea incertidumbre entre la población y que requiere de avances concretos en el incremento de la producción y la productividad del trabajo es la llamada “unificación monetaria”  que resultara de la unificación del peso cubano usado tradicionalmente y el peso convertible creado como mecanismo de transacción con las divisas internacionales.
En el tiempo transcurrido y a pesar de que el marco de la economía mundial es desfavorable y el bloqueo norteamericano continua aplicándose con la misma intensidad, se han ejecutado acciones que apuntan a darle solución a los grandes problemas de la economía cubana.
Se han distribuido más de 1 millón de hectáreas bajo un  régimen de explotación que todavía dista mucho de alcanzar la productividad necesaria que requiere la economía.
Se han aprobado más de 450 cooperativas llamadas “no agropecuarias” que  ubicadas fundamentalmente en la esfera de servicios no resuelven totalmente el problema de darle solución a las necesidades de la población y a posibilitar el desarrollo de las fuerzas productivas.
Están registrados más de 450 mil trabajadores por cuenta propia que si bien dejaron de ser una carga directa para el Estado, su aporte a la creación de riquezas en poco sustancial.
Paulatinamente se están transfiriendo las actividades que giran en los rubros de gastronomía, servicios personales, etc. con el objetivo de ser gestionadas por sus trabajadores.
Las expectativas abiertas con la creación del Puerto del Mariel que permitirá la actividad de los barcos portadores de contenedores de última generación y sus más de 450 hectáreas dispuestas para la actividad productiva bajo un régimen especial,  fundamentalmente de inversión extranjera, abre un camino que resultaría exitoso  si el bloqueo de los Estados Unidos se levantara o, algunas medidas que limitan el arribo a puertos americanos de barcos que toquen puertos cubanos se modificaran.
Al día de hoy se han presentado más de 36 proyectos de inversión que se plantea iniciarían su ejecución en los primeros meses del 2015.
Algunos analistas sostienen la necesidad de ser más audaces en  pensar profundamente en implementar nuevas medidas que permitan crear nuevas oportunidades y expandir las capacidades productivas del país.
También que pueden repetirse viejos mecanismos de centralización con nuevas estructuras.
Ciertamente, ponerse un traje nuevo no resuelve los problemas que la sociedad ha acumulado durante más de 50 años.
Cuando en el III Congreso del Partido, se inició un proceso que apuntaba a modificar los errores del periodo anterior este se vio truncado por la caída del campo socialista y la crisis que hubo que enfrentar para mantener las conquistas de la Revolución.
Pero también, en  este periodo de crisis reaparecieron  conductas que  la Revolución lucho por erradicar.
El paternalismo practicado por el Estado deberá ceder el paso a un desarrollo más pleno, consciente y esforzado de los individuos. A las nuevas generaciones debe posibilitarse articular sus proyectos personales con el proyecto social. El trabajo deberá volver a ocupar su lugar como forma de reproducción y generador de riquezas, dejando atrás el acomodo, la corrupción y otros vicios que se han desarrollado.
El concepto de “participación” deberá cambiar dándole protagonismo a los individuos en su fábrica, barrio, organizaciones sociales, y fundamentalmente la familia en donde se crean los valores básicos que deben primar en una sociedad solidaria.
Con los cambios deberán desmoronarse la falsa unanimidad, la doble moral, lográndose la unidad en la diversidad que permitirá que los interese personales o grupales no sean evaluados como contrarios al sistema socialista.
El nuevo proyecto deberá modificar la existencia de elites y sectores acomodados, combatir a la burocracia y a los sectores que embozadamente o  no pretenden el regreso al capitalismo.
La voluntad general del pueblo cubano es la de mantener las conquistas logradas por la Revolución y avanzar hacia una sociedad en donde sea posible la felicidad personal y colectiva.

Habrá Patria para todos!!!!!
Hugo Wilkins Méndez
La Habana, 19 de noviembre del 2014



jueves, 19 de junio de 2014

“ES EL VOTO QUE EL ALMA PRONUNCIA…..”





De nuevo la principal avenida de Montevideo, 18 de julio sintió el clamor popular con una representación de miles de uruguayos que no descansan todos los 20 de Mayo de cada año en reclamar JUSTICIA.
Cada vez que viajo a Uruguay, participar el 20 de Mayo en la Marcha del Silencio es una obligación que me llena de esperanzas. Por ahora nos va quedando eso, la esperanza. Y, también la responsabilidad de continuar acompañando la lucha de los que reclaman y luchan por JUSTICIA.
Quizás en esa marcha la justicia que se reclama vaya mucho más allá del esclarecimiento de los crímenes de la dictadura.
Nacimos a la vida política luchando por justicia. Y cuando digo “vida política” no hablo de apariciones públicas, entrevistas, cargos, de los que fueran.  Hablo del día a día, del gris, del que no se ve pero que es indispensable para intentar cambiar un mundo que es muy injusto.  Y a veces bien, a veces mal tratamos de no apartarnos de ese camino.
Caminaba dentro de  esa marcha silenciosa junto a queridos compañeros y pensaba. Aquí, también, junto a este reclamo va la esperanza. La esperanza de un mundo mejor. De un Uruguay y una América Latina y Caribeña en donde no exista la desigualdad, donde no exista la miseria y la pobreza, en donde haya libertad  y tiempo para ejercer esa libertad. Donde haya democracia y participación para ejercer esa democracia.
Y sin dudas, queda mucho por hacer.  Apenas si hemos recuperado una pequeña parte de lo que las luchas populares habían conquistado en épocas anteriores.
Luchar por conquistar la Liberación Nacional e iniciar el largo proceso  de construcción de una sociedad más justa, el Socialismo, que será un tránsito hacia una sociedad sin clases, sin explotados ni explotadores, no será fácil.
La historia recoge una larga cadena de triunfos y fracasos de los pueblos por conquistar esos objetivos.
Lo peor que pueda pasarnos es  dejarnos confundir por  frases vacías de que “vamos bien” o de que “hacemos lo posible.”
Los  Revolucionarios debemos luchar por lo que otros consideran imposible. Así nacimos dentro de la izquierda y así debemos de seguir.
Y, luchar no significa acompañar. Luchar significa  agitar, hacer propaganda  y  organizar para reclamar y conseguir conquistas más altas que ayuden al bienestar de  nuestro pueblo.
Nos prometimos  “mover hasta las raíces de los árboles” y apenas logramos agitar las ramas.
Nosotros, lo Tupamaros no podemos conformarnos con lo que se ha hecho. Debemos ir a más.
No es suficiente. Nacimos para luchar por la Revolución. Por el camino hemos dejado compañeros muertos, torturados, presos, exiliados. El pueblo uruguayo, todo, pago las consecuencias de una brutal dictadura.
Hoy no toca hacer política participando de un gobierno que está determinado por la hegemonía que ejerce en la sociedad la clase  dominante y sus aliados internacionales.
No es suficiente una “buena gestión” de los resortes del Estado,  sus empresas e instituciones para poder cambiar.  No podemos seguir rebajando el Programa del Frente Amplio para que las cámaras patronales,   los inversionistas y  las clases medias no se alarmen.
Debemos hacer política con las masas organizadas.  Expresando y fusionando  sus necesidades, sus aspiraciones más sentidas. A nivel barrial, departamental y nacional. En todos los lugares en donde haya un reclamo.  Debemos decir y hacer.  No alcanza con hacer. Porque para hacerlo bien, debemos primero saber que tenemos que hacer.
Pero  ver a ese pueblo silencioso que pedía Justicia da esperanzas.
Sé que esa esperanza no es  gratuita. Que para alcanzar ese mundo todavía habrá que luchar y mucho.
Lo que no podemos hacer es dejar de luchar……………solo así
Habrá Patria para Todos ¡!!!.
La Habana 11 de junio del 2014






lunes, 16 de abril de 2012

El rol de las izquierdas al sur del Rio Bravo


"Construir con los hombres millones de columnas donde se pueda asentar una sociedad socialista”

Raúl Sendic, discurso en el Estadio Luis   Franzini, 1987


Finalizando la primera década del siglo XXI más de una decena de países están gobernados en América Latina y el Caribe, por partidos o alianzas de partidos con signo de izquierda o progresistas.
En la mayoría de los casos son nuevas formaciones que incluyen a trabajadores, campesinos, indígenas, desocupados,  clases medias altas y bajas  y en menor medida, remanentes de sectores burgueses del periodo “desarrollista”  por el que transcurrió  la América Latina durante la primera mitad del siglo XX.
En todos nuestros países, las consecuencias del modelo neoliberal fueron desastrosas. Hambre, miseria, desocupación, marginamiento, violencia, droga, destrucción del aparato del Estado y sus empresas, una economía subordinada por entero a los intereses de las grandes metrópolis y sus empresas multinacionales.
Nuestro continente, uno de los más ricos en recursos se volvió  el más desigual.
La principal razón que primo  para  constituir dichas  alianzas fueron la lucha contra del modelo neoliberal impuesto a sangre y fuego durante  el último cuarto de siglo por el imperialismo.
Estas alianzas surgidas del calor de la lucha,  expresan de forma contradictoria  la visión del futuro para nuestras sociedades  y esas  contradicciones  deben ser resueltas de tal manera que permitan avanzar lo más unido posible a la solución de los grandes problemas del continente.
Armonía que no puede significar concesiones ni la  renuncia de los objetivos históricos de la izquierda revolucionaria.
Identificar los cambios en el mundo y en América Latina constituyendo una nueva estrategia hacia el socialismo.
Las recurrentes crisis del capitalismo a nivel del mundo imperialista-globalizado, bajo un dominio absoluto e irracional del capital financiero, han conducido a este por un camino que es necesario revertirlo para garantizar la existencia de la especie humana.
Conflicto  que se han convertido por el modelo depredador de los recursos, en crisis energética, alimentaria, ecológica y social. Ello plantea la interrogante de si es posible resolver los grandes retos de la humanidad con nuevas formulaciones  de soluciones por parte del sistema.
De lo que si tenemos seguridad es de que ninguna crisis hará caer el sistema por sí solo. El desenlace final será el resultado de las luchas por la creación y fortalecimiento de una conciencia socialista que vaya más allá de regulaciones o simples reformas.
La izquierda revolucionaria debe de trabajar por fortalecer el ideario socialista como la mejor solución para los problemas de nuestros pueblos. Para ello es necesario, convencer, movilizar,  crear y desarrollar  estrategias  con tácticas acordes a cada momento político y evitar cometer grandes errores.
El gran reto planteado para la izquierda en América, al sur del Rio Bravo  es trabajar para liberarnos de la dependencia imperialista, unir a todos los sectores que están en contradicción con las transnacionales  y subordinar a las fuerzas  reaccionarias locales a los intereses del socialismo.
A nuestras sociedades y  sus instituciones les hace falta una hoja de ruta  que defina  los caminos a  transitar para lograr el desarrollo independiente de nuestra América.
Debemos luchar por romper con las formas tradicionales de producción atadas al sector agro-minero exportador y promover inversiones para que nuestras riquezas sean  comercializadas con la incorporación de conocimientos y tecnologías;  comenzando así por romper con el  subdesarrollo, la dependencia y el intercambio desigual.
Lograr que nuestros recursos obtengan  mejores resultados por su valor agregado y no por los vaivenes financieros de la especulación internacional.
 Promover  y controlar  las inversiones que nuestros países necesitan, regulando el uso de nuestros recursos
En aquellos países en donde se ha accedido al gobierno, el Estado juega un papel fundamental.  Las instituciones y leyes  deben representar los intereses de las fuerzas sociales y políticas que le dieron la confianza para  jugar ese papel.  Debemos convertir la “colinas” del Estado burgués en fortificaciones desde donde también combatir por el socialismo.  Iniciando la ruptura con el sistema de dominación impuesto desde siglos anteriores.
Para lograrlo debemos  avanzar y ampliar los  espacios democráticos conquistados por el pueblo, llevar adelante una buena gestión de las políticas, crear órganos de control popular sobre la gestión del Estado; crear,  desarrollar y consolidar los gérmenes económicos -políticos de la futura sociedad, apoyando y fortaleciendo las empresas estatales, las cooperativas de producción y  las empresas auto gestionadas por sus trabajadores.
Por todo esto debemos avanzar en la participación, organización y movilización de las fuerzas sociales para  profundizar los cambios.
Esto será posible   lograrlo si las fuerzas de izquierda  cuentan con un Programa de acción, con pleno convencimiento que permita una consciente  disciplina y unidad de acción que  exprese los acuerdos alcanzados.
Estas premisas son validas para el marco nacional como internacional del movimiento por la definitiva independencia y el socialismo.
Mucho se ha avanzado en el plano de la unidad, todavía está determinada por los intereses de clases que predominan en uno u otro momento. Muchas veces, estos intereses  se confunden con el marco estrecho de un sindicato o una parte de la sociedad.  La responsabilidad no es solo de los corporativismos sino de quienes no somos capaces de sustraerlos de estrechas visiones políticas y económicas.
 En otras situaciones, los instrumentos divisionistas y contrarrevolucionarios del imperialismo,  utilizan las contradicciones en el seno del pueblo para mantener su dominio. Muchas veces es nuestra ignorancia o superficialidad  la responsable de los desencuentros o las malas políticas.
Aprender a trabajar sobre la  relaciones  contradictorias que se produce entre  gobiernos, organizaciones políticas y fuerzas sociales,  para disputar a  los poderes económicos  mayores cuotas de distribución de riqueza, que beneficien la educación, la salud, la vivienda digna, los servicios a la población y el salario.
Esforzarnos por enterrar las tradiciones liberales y anarquistas que promueven el individualismo, el oportunismo y la indisciplina. Por responsabilidad ante nuestros pueblos debemos de estar permanentemente rindiendo cuentas ante él,  para que esto sea necesario, tenemos que ser representantes de la expresión de ese pueblo y no de componendas de salón.
Es  oportuno recordar la frase de Artigas cuando proclamo…” mi  autoridad emana de vosotros y ella cesa ante su presencia soberana”.
Si los procesos revolucionarios y las organizaciones que han luchado por un mundo mejor hubieran sido capaces de promover una verdadera democracia, con participación y control popular quizás viviéramos otra etapa muy distinta del género humano.
La actual etapa del imperialismo   permite pronosticar que la liberación no se producirá en un solo país como  se produjo en épocas anteriores.
Los imperios en la historia de América latina y el Caribe obtuvieron sus mayores triunfos manteniendo  dividido a un continente  que por su cultura, tradiciones y economía, debió de ser una sola.
Para hacer frente a la nueva situación internacional del imperialismo y sus crisis, América Latina y el Caribe deben forzar la marcha en su integración.
Ya no se trata de las ventajas de un mercado ampliado o de la complementación productiva, sino de potenciar las fuerzas de la región y establecer relaciones de cooperación y complementación que fortalezca a la región y a cada uno de sus integrantes.
Pero el signo fundamental de la integración lo deben poner los  intereses populares. No será la competencia capitalista, la explotación de los trabajadores y los recursos, la concentración y el monopolio quienes construyan ese mundo necesario.
El progreso social ira de la mano de la democracia popular, la participación activa y organizada de los pueblos, la ciencia y la técnica aplicada a nuestros intereses, la formación de los recursos humanos que se  complementen en especializaciones  productivas garantizando el bienestar general, la preservación de los recursos  finitos como la tierra,  el agua y los minerales, que  permita tener una soberanía alimentaria, y la transformación en bienes de uso y consumo  necesarios para una vida digna y decente, y respete  las culturas y tradiciones de los pueblos originarios.
La derrota del ALCA en Mar del Plata, la constitución de UNASUR  la CELAC y el ALBA  son pasos importantes pero no suficientes. Unos países  intentaran avanzar más rápido hacia la unidad, otros trataran de mediatizar sus objetivos.
 Debemos de tener bien claro que serán las luchas nacionales de nuestros pueblos, coordinadas y complementadas con aquellos actores políticos y sociales a nivel continental  y  mundial quienes llevaran adelante otro tipo de sociedad. Una sociedad en donde la solidaridad, la eliminación de la explotación del hombre por el hombre, la justicia social sean los fundamentos del futuro de la humanidad.
Los riesgos  siguen latentes y las amenazas  imperiales penden sobre nuestros pueblos. Si bien se avanza hacia una ruptura  del unilateralismo,  el capital financiero y sus aliados transnacionales  no se entregaran sin luchar. El  imperialismo en retroceso no caerá sino lo hacemos caer. Su poder militar y económico lo respaldan para continuar su compra de conciencias, invasiones militares, robo de nuestras riquezas y recursos humanos.
Su lógica de la máxima ganancia continuara destruyendo fuerzas productivas para reproducir su sistema. El planeta no soporta más el despilfarro de recursos. La crisis capitalista globalizada que golpea incluso a sus propios centros imperiales ha  despertado a actores  que están contra la guerra, el enriquecimiento de unos pocos sobre la miseria de los muchos que han destruido conquistas sociales  poniendo a la orden del día la incertidumbre sobre el futuro.
 Los pueblos se organizan y la izquierda debe de participar con ellos para avanzar,  creando conciencia y organización para luchar por el poder.
A 500 años de la conquista de América por la Europa expansionista, nuevamente se escuchan los voces de Bolívar, Martí, Artigas, O’Higgins, San Martin, Sucre,  Toussaint L´Ouverture,  de la América insurrecta y se unen a las de Zapata, Farabundo Martí, Sandino, Recabarren, Luis Carlos Prestes para que las luchas de Fidel, el “Che”, Sendic, Allende y Carlos Fonseca Amador, se multipliquen para conquistar un camino hacia la definitiva independencia.

Habrá Patria para Todos.